Las personas nos pasamos la vida investigando cómo hallar la verdadera felicidad; ya sea a través de libros, viajes o experiencias (propias y ajenas). Hasta ahora, hemos descubierto unas cuantas cosas; entre ellas, que con las necesidades básicas cubiertas, cualquier persona puede ser feliz. En este sentido, sabemos que la felicidad está estrechamente relacionada con conceptos como el disfrute del momento presente, la necesidad de filiación o el sentimiento de "ser útil" al mundo.
Una conversación reciente con alguien muy especial me invitó a reflexionar sobre el tema y trajo a mi mente un símil matemático; absurdo quizás, pues la felicidad, en sí misma, es una entidad abstracta imposible de representar. Aun así, me gustaría compartir con vosotros esta reflexión y es que, cuando pienso en la felicidad, aparece siempre una constante; el amor. Y no me refiero sólo al amor romántico, sino al amor en general, entendido como vínculo entre dos seres.
En mi opinión, la felicidad se puede transformar en una ecuación; producto del amor por "el Elemento". ¿Y qué es "el Elemento"? (os remito a mi post "Buscando el elemento", donde lo explico en extenso). Resumiendo sería algo así como, esa actividad en la que se aúnan la pasión y el talento; esa actividad que nos absorbe, nos gratifica y nos hace sentir plenos. Esto quiere decir que, en presencia de amor (constante de la ecuación), nuestra felicidad es directamente proporcional a nuestro "elemento".
Llegados a este punto, pensaréis que, habiendo encontrado nuestro "elemento" (E), la felicidad es posible en ausencia de amor; sin embargo, no es así. Si bien conseguir nuestro elemento (segundo término de la ecuación) es igual a ser feliz; la felicidad depende directamente del amor (primer término de la ecuación). Si a=0, F=0; esto es, se anula la ecuación. Si a es negativo (desamor), la igualdad cambia de signo (infelicidad). Solo si a es positivo, el "elemento" cobra sentido, pudiendo alcanzar F valor infinito.
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lunes, 29 de junio de 2015
martes, 23 de junio de 2015
Retrato robot del hombre ideal
Aunque suene a tópico, es verdad. Las mujeres priorizan la personalidad frente al físico en lo que respecta a la "descripción del hombre ideal", sin querer decir esto que la apariencia no sea importante. En general, las mujeres se rigen por los mismos principios de atracción sexual que los hombres; si bien es el carácter de ellos, lo que determina que los vean como "rollos" pasajeros o algo más. Leyendo el blog de Erica Jagger ("a sexy woman of a certain age"), he descubierto los rasgos principales de lo que comunmente denominamos "hombre ideal". Pasemos a enumerarlos.
En primer lugar, fortaleza interior, esto es, seguridad en uno mismo, un hombre que tiene clara su identidad, quién es, lo que quiere y lo que no. A continuación, vulnerabilidad; un hombre que no teme llorar, expresar sus sentimientos, alguien en quien se puede confiar. Después, integridad; un hombre que no finge, ni presume, ni engaña, simplemente se muestra tal y como es. Por supuesto, inteligencia; un hombre con espíritu crítico, ansias de aprendizaje y correcto en la expresión ("Hay que follarse a las mentes", Martín Hache). Unido a ella, sentido del humor; un hombre que se ríe de sí mismo, dispuesto a "hacer el tonto" si es ocasión. Fundamental, la empatía; un hombre que no se encierra en sí mismo, que comparte sus preocupaciones, que no construye muros.
Por otro lado, la generosidad; un hombre que no es tacaño con los sentimientos, que demuestra su amor, que se entrega sin reservas, al 100%. Importantísimo, el cariño; un hombre que busca siempre el contacto, que tiene gestos bonitos, que no escatima en demostraciones públicas o privadas. Además, capacidad de concentración; un hombre que presta atención al presente, que se plantea retos y los asume con calma. Por supuesto, compañerismo; un hombre que entiende el amor como algo de dos, que no ve a la mujer como una posesión, que practica la reciprocidad y la comunicación. Por último y no menos importante, seguridad en la cama; un hombre consciente de las necesidades de su pareja, dulce a la vez que pasional; en definitiva, sensual.
En muchas ocasiones, estos rasgos están camuflados en el hombre por influjo de la sociedad. De ellos, se espera que sean viriles, que muestren los rasgos que "caracterizan" a su sexo, lo que por supuesto, genera atracción en la mujer. Esto es así cuando lo que buscan unos y otras tiene "fecha de caducidad". Sin embargo, a la hora de construir un futuro juntos, lo que una mujer busca/necesita es todo lo contrario, alguien que las quiera de forma incondicional. Y aunque hay hombres que no encajan en absoluto en el perfil de "hombre ideal", hay otros, que hacen del sueño, realidad.
En primer lugar, fortaleza interior, esto es, seguridad en uno mismo, un hombre que tiene clara su identidad, quién es, lo que quiere y lo que no. A continuación, vulnerabilidad; un hombre que no teme llorar, expresar sus sentimientos, alguien en quien se puede confiar. Después, integridad; un hombre que no finge, ni presume, ni engaña, simplemente se muestra tal y como es. Por supuesto, inteligencia; un hombre con espíritu crítico, ansias de aprendizaje y correcto en la expresión ("Hay que follarse a las mentes", Martín Hache). Unido a ella, sentido del humor; un hombre que se ríe de sí mismo, dispuesto a "hacer el tonto" si es ocasión. Fundamental, la empatía; un hombre que no se encierra en sí mismo, que comparte sus preocupaciones, que no construye muros.
Por otro lado, la generosidad; un hombre que no es tacaño con los sentimientos, que demuestra su amor, que se entrega sin reservas, al 100%. Importantísimo, el cariño; un hombre que busca siempre el contacto, que tiene gestos bonitos, que no escatima en demostraciones públicas o privadas. Además, capacidad de concentración; un hombre que presta atención al presente, que se plantea retos y los asume con calma. Por supuesto, compañerismo; un hombre que entiende el amor como algo de dos, que no ve a la mujer como una posesión, que practica la reciprocidad y la comunicación. Por último y no menos importante, seguridad en la cama; un hombre consciente de las necesidades de su pareja, dulce a la vez que pasional; en definitiva, sensual.
En muchas ocasiones, estos rasgos están camuflados en el hombre por influjo de la sociedad. De ellos, se espera que sean viriles, que muestren los rasgos que "caracterizan" a su sexo, lo que por supuesto, genera atracción en la mujer. Esto es así cuando lo que buscan unos y otras tiene "fecha de caducidad". Sin embargo, a la hora de construir un futuro juntos, lo que una mujer busca/necesita es todo lo contrario, alguien que las quiera de forma incondicional. Y aunque hay hombres que no encajan en absoluto en el perfil de "hombre ideal", hay otros, que hacen del sueño, realidad.
jueves, 14 de mayo de 2015
Manifiesto del amor 2.0
En los últimos años, he dedicado bastante tiempo a documentarme, a leer sobre el amor, a analizar las historias que conozco (con final feliz o no) y a escuchar a la gente. Aunque he intentado establecer patrones en lo que concierne a las relaciones, he llegado a la conclusión de que es imposible; la gente es impredecible. Sin embargo, he observado en la mayoría de parejas actuales, una forma de amar, en mi opinión, un tanto antigua (del siglo pasado, de la época de nuestros padres); lo que yo denomino el "Amor 1.0". A este respecto, me gustaría proponeros una nueva forma de amor. Veamos cuáles son sus principios.
El "Amor 1.0" se fundamenta en el concepto de la "media naranja", esto es, la idea de que la otra persona nos complementa; es por eso que, en su ausencia nos sentimos "incompletos". Requiere de un feedback constante; la necesidad de ver o hablar diariamente con la pareja es un imperativo en este tipo de amor. Por otra parte, el "Amor 1.0" otorga gran importancia a la fidelidad, abriendo la puerta a sentimientos poco deseables como la envidia, la inseguridad o los celos. Este tipo de amor no contempla el hecho de compartir con la pareja experiencias del pasado o hablar sobre el interés que puedan despertarnos otras personas (siendo estas cuestiones temas tabú). El "Amor 1.0" lo practican, entre otras, las personas que quieren desde la dependencia, que no saben "estar solas" u ocupar su tiempo libre. El "Amor 1.0" es característico de los "novios".
El "Amor 2.0" se basa en el concepto "la horma de nuestro zapato", es decir, un "plus" en la vida, un suplemento y no un complemento; en presencia de la otra persona, nos sentimos más plenos si cabe. No requiere un feedback constante (salvo en el proceso de enamoramiento); no existe la necesidad acuciante de ver o hablar diariamente con la pareja. El "Amor 2.0" considera la cuestión de la fidelidad, pero no le otorga una importancia extrema; en el "Amor 2.0", los celos no han lugar. Este tipo de amor contempla el hecho de compartir con la pareja experiencias del pasado y hablar abiertamente del atractivo de otras personas (os remito a mi post "Poliamor, posible y probable"). El "Amor 2.0" lo practican las personas que quieren desde la independencia, que saben "estar solas" y entretenerse. El "Amor 2.0" es característico de los "compañeros".
Como en la mayoría de cuestiones, una cosa es la teoría y otra, la práctica. Si bien yo creo ciegamente en la posibilidad de "actualizar" nuestra forma de amar, factores sociales y educacionales frenan el cambio. Cierto es que una cosa es hablar de amor cuando no tenemos pareja y otra, cuando estamos enamorados; nuestra perspectiva cambia 180 grados. El "Amor 2.0" requiere, por su parte, de una gran fortaleza mental, alto concepto de uno mismo y confianza plena en la pareja. Una utopía, quizás. Lo que sí es posible, es el "Amor 1.5", la fusión de ambos.
El "Amor 1.0" se fundamenta en el concepto de la "media naranja", esto es, la idea de que la otra persona nos complementa; es por eso que, en su ausencia nos sentimos "incompletos". Requiere de un feedback constante; la necesidad de ver o hablar diariamente con la pareja es un imperativo en este tipo de amor. Por otra parte, el "Amor 1.0" otorga gran importancia a la fidelidad, abriendo la puerta a sentimientos poco deseables como la envidia, la inseguridad o los celos. Este tipo de amor no contempla el hecho de compartir con la pareja experiencias del pasado o hablar sobre el interés que puedan despertarnos otras personas (siendo estas cuestiones temas tabú). El "Amor 1.0" lo practican, entre otras, las personas que quieren desde la dependencia, que no saben "estar solas" u ocupar su tiempo libre. El "Amor 1.0" es característico de los "novios".
El "Amor 2.0" se basa en el concepto "la horma de nuestro zapato", es decir, un "plus" en la vida, un suplemento y no un complemento; en presencia de la otra persona, nos sentimos más plenos si cabe. No requiere un feedback constante (salvo en el proceso de enamoramiento); no existe la necesidad acuciante de ver o hablar diariamente con la pareja. El "Amor 2.0" considera la cuestión de la fidelidad, pero no le otorga una importancia extrema; en el "Amor 2.0", los celos no han lugar. Este tipo de amor contempla el hecho de compartir con la pareja experiencias del pasado y hablar abiertamente del atractivo de otras personas (os remito a mi post "Poliamor, posible y probable"). El "Amor 2.0" lo practican las personas que quieren desde la independencia, que saben "estar solas" y entretenerse. El "Amor 2.0" es característico de los "compañeros".
Como en la mayoría de cuestiones, una cosa es la teoría y otra, la práctica. Si bien yo creo ciegamente en la posibilidad de "actualizar" nuestra forma de amar, factores sociales y educacionales frenan el cambio. Cierto es que una cosa es hablar de amor cuando no tenemos pareja y otra, cuando estamos enamorados; nuestra perspectiva cambia 180 grados. El "Amor 2.0" requiere, por su parte, de una gran fortaleza mental, alto concepto de uno mismo y confianza plena en la pareja. Una utopía, quizás. Lo que sí es posible, es el "Amor 1.5", la fusión de ambos.
lunes, 20 de abril de 2015
La infidelidad no tiene sexo
Un pensamiento muy generalizado es que los hombres son más infieles que las mujeres. Sin embargo, este precepto carece de base científica, pues la dispersión de los genes está inscrita en el ADN de ambos (recordemos que la especie humana es monógama por convención social). El hecho de que las estadísticas muestren normalmente mayores porcentajes de infidelidad entre el sexo masculino, se debe a que a las mujeres, por norma general, les cuesta más admitirlo. Analicemos pues en qué aspectos difiere la infidelidad entre ambos géneros.
Mientras que las mujeres suelen tener menos parejas sexuales, tienden a repetir "aventuras" con sus amantes. Los hombres, por su parte, se relacionan con un mayor número de parejas. Los expertos asocian dicho comportamiento a la búsqueda de comprensión y afecto que lleva a las mujeres a ser infieles; en el caso de los hombres, esta práctica está motivada por la reafirmación de la propia hombría. Los problemas de comunicación en la pareja son habitualmente la causa fundamental de la infidelidad femenina; en el caso de los varones, es la atracción física suscitada por otras mujeres.
Por otro lado, existen estudios que relacionan las tasas de infidelidad con el estatus económico de las personas; sean hombres o mujeres. Cuanto más dinero, mayor autonomía; mayores posibilidades de ser infiel. En este aspecto, estadísticas actuales sitúan los porcentajes de infidelidad en ambos sexos en torno al 50%, lo que supondría que en una de cada dos parejas, alguno de sus miembros es infiel. Estos números secundan la tendencia natural de la especie humana a la poligamia, que rige en la mayoría de especies animales.
Para terminar, me gustaría expresar mi opinión sobre el tema, un tanto controvertida quizás. A mi modo de ver, la fidelidad está sobrevalorada en la sociedad actual, que la identifica como uno de los mayores agravios a la pareja; en muchos casos, imperdonable. Ser infiel a alguien no es entregarle nuestro cuerpo a otro; ya que la atracción sexual no deja de ser un instinto animal. Ser infiel a alguien es entregarle a otro nuestra alma, confesarle nuestros secretos o cogerla de la mano por la calle. Al fin y al cabo, el sexo se puede tener con cualquiera; el amor, solo acontece en el seno de la pareja.
Mientras que las mujeres suelen tener menos parejas sexuales, tienden a repetir "aventuras" con sus amantes. Los hombres, por su parte, se relacionan con un mayor número de parejas. Los expertos asocian dicho comportamiento a la búsqueda de comprensión y afecto que lleva a las mujeres a ser infieles; en el caso de los hombres, esta práctica está motivada por la reafirmación de la propia hombría. Los problemas de comunicación en la pareja son habitualmente la causa fundamental de la infidelidad femenina; en el caso de los varones, es la atracción física suscitada por otras mujeres.
Por otro lado, existen estudios que relacionan las tasas de infidelidad con el estatus económico de las personas; sean hombres o mujeres. Cuanto más dinero, mayor autonomía; mayores posibilidades de ser infiel. En este aspecto, estadísticas actuales sitúan los porcentajes de infidelidad en ambos sexos en torno al 50%, lo que supondría que en una de cada dos parejas, alguno de sus miembros es infiel. Estos números secundan la tendencia natural de la especie humana a la poligamia, que rige en la mayoría de especies animales.
Para terminar, me gustaría expresar mi opinión sobre el tema, un tanto controvertida quizás. A mi modo de ver, la fidelidad está sobrevalorada en la sociedad actual, que la identifica como uno de los mayores agravios a la pareja; en muchos casos, imperdonable. Ser infiel a alguien no es entregarle nuestro cuerpo a otro; ya que la atracción sexual no deja de ser un instinto animal. Ser infiel a alguien es entregarle a otro nuestra alma, confesarle nuestros secretos o cogerla de la mano por la calle. Al fin y al cabo, el sexo se puede tener con cualquiera; el amor, solo acontece en el seno de la pareja.
lunes, 13 de abril de 2015
Compañeros de viaje
"El canal del parto y el ataúd son dos lugares diseñados para un solo cuerpo. Y esto, Demián, para mí quiere decir que nacemos y morimos solos. [...] Pero también descubrí, por suerte, que existen los compañeros de viaje: compañeros para un ratito, compañeros para una temporada más o menos larga. Y después, existen también los amigos, los amores, los hermanos: compañeros para toda la vida". Aunque el principio y final de nuestros días acaezan en soledad; lo importante son las personas de las que nos rodeamos mientras hacemos el camino. Concretamente, la ÚNICA persona que nos acompañará siempre; cuando nuestra familia y nuestros amigos, a pesar de permanecer a nuestro lado, construyan su propia vida.
Transcribo hoy este fragmento del libro "Déjame que te cuente" de Jorge Bucay, porque contiene la mejor definición de "pareja" que he encontrado hasta la fecha. Esto lo saben bien los actores que, con frecuencia, se refieren con este término (compañero/a) a sus parejas en sus discursos de agradecimiento. Y es que a mí, nunca me ha gustado la palabra "novio/a" (nótese el influjo religioso en dicha denominación). Sea porque constituye en sí misma una "despersonalización" del otro o porque, de alguna manera, implica posesión. A mi modo de ver, a este nivel el castellano se queda corto.
Es por eso que prefiero otros idiomas, en los que el vocablo escogido ("boy/girl friend, "petit ami/e") se acerca más a la realidad que pretende denominar. Esto es así porque la pareja es (o debiera ser), antes que nada, un amigo/a especial, con quien queremos COMPARTIR nuestra vida; en cuya COMPAÑÍA, decidimos realizar nuestro viaje; esa persona en la que depositamos no solo nuestro amor, sino también nuestra CONFIANZA. El hecho de que los "mantras" de la pareja tengan la misma ráiz etimológica no me parece casual (pudiéndose añadir a los anteriores, la COMUNICACIÓN).
Hablando de relaciones, preservar nuestra identidad como individuos resulta esencial. "Darse cuenta de que nadie puede recorrer el camino por ti, es fundamental. Tanto como saber que el camino es más nutritivo si se recorre en compañía". A la persona que amamos, no nos referimos como "novio/a" (pues existe más allá de nosotros), sino como "compañero de viaje" (que participa de nuestra vida). "No camines DELANTE de mí porque podría no seguirte. No camines DETRÁS de mí porque podría perderte. No camines DEBAJO de mí, porque podría pisarte. No camines ENCIMA de mí, porque podría sentir que me pesas. Camina A MI LADO, porque somos iguales".
Transcribo hoy este fragmento del libro "Déjame que te cuente" de Jorge Bucay, porque contiene la mejor definición de "pareja" que he encontrado hasta la fecha. Esto lo saben bien los actores que, con frecuencia, se refieren con este término (compañero/a) a sus parejas en sus discursos de agradecimiento. Y es que a mí, nunca me ha gustado la palabra "novio/a" (nótese el influjo religioso en dicha denominación). Sea porque constituye en sí misma una "despersonalización" del otro o porque, de alguna manera, implica posesión. A mi modo de ver, a este nivel el castellano se queda corto.
Es por eso que prefiero otros idiomas, en los que el vocablo escogido ("boy/girl friend, "petit ami/e") se acerca más a la realidad que pretende denominar. Esto es así porque la pareja es (o debiera ser), antes que nada, un amigo/a especial, con quien queremos COMPARTIR nuestra vida; en cuya COMPAÑÍA, decidimos realizar nuestro viaje; esa persona en la que depositamos no solo nuestro amor, sino también nuestra CONFIANZA. El hecho de que los "mantras" de la pareja tengan la misma ráiz etimológica no me parece casual (pudiéndose añadir a los anteriores, la COMUNICACIÓN).
Hablando de relaciones, preservar nuestra identidad como individuos resulta esencial. "Darse cuenta de que nadie puede recorrer el camino por ti, es fundamental. Tanto como saber que el camino es más nutritivo si se recorre en compañía". A la persona que amamos, no nos referimos como "novio/a" (pues existe más allá de nosotros), sino como "compañero de viaje" (que participa de nuestra vida). "No camines DELANTE de mí porque podría no seguirte. No camines DETRÁS de mí porque podría perderte. No camines DEBAJO de mí, porque podría pisarte. No camines ENCIMA de mí, porque podría sentir que me pesas. Camina A MI LADO, porque somos iguales".
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